En esta obra mi propuesta fue crear un sistema de piezas que funcionaran independientemente, pero que a la vez formaran parte de un conjunto, esto con el objetivo de crear una analogía con los sistemas sociales en los cuales cada individuo es independiente sin dejar de ser parte de un sistema con el cual interactúa y se relaciona desde distintas perspectivas.
Esta instalación conformada por seis cajas de luz de distintas dimensiones propone una visión psicoanalítica y filosófica acerca de cómo cada individuo construye narrativas subjetivas de sus vivencias, y de cómo al establecer una dialéctica con el mundo dichas narrativas se transforman con el fin comunicarse; sin embargo, dichas narrativas están permeadas por un velo secreto que conservan para sí, y sólo a través de un proceso de análisis se logrará un acceso sutil, mas no absoluto, a las capas que construyen a cada individuo en su realidad mas analógica.
En éste sentido, cada caja representa a un individuo particular con ciertos rasgos específicos que lo diferencian del resto permitiéndole una identidad separada del conjunto, pero que no se encuentra aislada, sino que por fuerza se convierte en un fragmento de éste convocando a una proyección de su versión con los demás fragmentos que son por fuerza semejantes.
A su vez, cada una de las cajas contiene en sus extremos dos dibujos, y cada dibujo contiene una serie de capas únicamente visibles cuando se activa la luz, lo que yo llamo zona oculta.
Dentro de una visión psicoanalítica dicha zona oculta se convierte en una representación del inconsciente en donde se alojan de manera natural representaciones simbólicas de las experiencias y percepciones.
El psicoanálisis ha abordado desde varias perspectivas esta idea del inconsciente como parte del proceso interno de cada individuo; sin embargo, también se ha demostrado que dicho proceso es parte central de la interacción del individuo con su entorno. Es por ello que en esta obra me pareció importante manejar una estructura sistémica en donde existiera una dialéctica entre los distintos discursos, conscientes e inconscientes, que nos son develados por los dibujos.
Si retomamos la idea de Freud de que toda acción humana es intencional y con lleva un sentido no del todo conocido para el actuante, podemos aventurarnos a decir que esta zona desconocida sale a la luz por medio de representaciones simbólicas que nos son representadas en la mayoría de los casos en imágenes.
Desde la filosofía se han realizado un sin número de trabajos sobre la problemática de la percepción y la formación de las ideas a través de las imágenes, y del papel fundamental de la imaginación en la construcción de éstas y por su parte, al hablar de imaginación surge el cuestionamiento de su relación con la construcción de la ficción en las fantasías, ya que es ésta la que podría constituirse como la traición con la realidad establecida a través de los juicios de valor propios del contexto interpretativo.
Volviendo a la interpretación de la zona obscurecida, ésta puede tomarse en varios casos como un elemento que oculta la verdad, es decir como un elemento de traición.
Hablar de traición implica abordar los conceptos de verdad y mentira, ya que son parte fundamental en la construcción del “juicio de realidad”, sin embargo, habrá que destacar que la mentira no es exactamente lo opuesto a la verdad, pues en algunas ocasiones ésta deja de ser un concepto moral rígido para convertirse en una simple descripción subjetiva de la interpretación de un sujeto en su relación con los objetos. Bien se dice que para mentir es necesario tener conocimiento y conciencia de la verdad por lo tanto las interpretaciones personales y la veracidad de los enunciados descritos en las vivencias del inconsciente son sólo fragmentos interpretables y no por ello mentiras o traiciones a la verdad.
Bajo la premisa de la necesidad de retroalimentación externa que todos los seres humanos requerimos para la construcción de nuestra identidad y la necesidad de confiar en un sistema suprapersonal, se sustenta la noción de comunidad y la búsqueda del bien común. La verdad busca aquí trascender las verdades particulares para construir criterios soberanos de acción en donde dicha comunidad comparte la noción de responsabilidad por medio de la cual se permearán sus acciones; es por ello que en algunos casos el empleo distinto de estas jerarquías de valores puede ser tomada como traición.
Sin embargo, no debe caerse en la pretensión de juicios absolutos respecto a lo verdadero, sino únicamente poner atención y conciencia en el punto desde el cual se plantea el discurso y la interpretación que se haga de él.
También me interesa vincular estas ideas con la imposibilidad de pensar en la relación con la Otredad sin la inclusión de una traición en tanto que los códigos de valores que rigen nuestras acciones estarán siempre permeados de subjetividad.
Si hacemos una revisión de Kant, por ejemplo, encontramos resonancia con la idea de que el juicio a través del cual se ve permeada la acción es subjetiva, en tanto que dicho juicio es regulado por nuestra relación con los objetos y estos, a su vez con nuestra percepción de ellos.
Con el objetivo de vincular el concepto de traición con el proceso creativo, abordo a la primera desde su condición dual, puesto que en ella se involucra una parte creativa del entendimiento de las reglas que rigen nuestro comportamiento; es necesario que exista un cuestionamiento de las estructuras que legalizan nuestros actos, para que exista un avance o una aportación que permita la ampliación de la conciencia.
La traición motiva el devenir mutante al romper toda atadura de tribu, nación, clase o género; la traición garantiza la pérdida de la identidad y el rostro propios, condición indispensable para una literatura auténtica. Lo anterior sustenta el hecho de cómo en la mayoría de los casos es sólo a través de esta especie de exilio traicionero cómo el creativo logra construir nuevas perspectivas. Es por medio del destierro de sí mismo y de su sistema que logra el alejamiento necesario para objetivizar sus ficciones que trascenderán en una verdadera comunicación con el Otro.
Es importante aclarar que este exilio o alejamiento creativo no es exclusivo del campo artístico, ya que lo podemos encontrar en la filosofía con la teoría crítica y la escuela de Frankfurt por ejemplo; y en el psicoanálisis desde Adler y Jung hasta teorías como las de Frenczi.
Por lo anterior, es que me parece pertinente que en la representación gráfica contenida en cada una de estas cajas comunicantes exista una serie de múltiples lecturas. Ya que no solo establecen un diálogo con el resto del sistema, sino también con ellas mismas, develando tanto al exterior como al interior sus ficciones y realidades, “traicionando” las redes de interpretación cada vez que se arroja luz sobre sus narrativas inmediatas y acercándose así al concepto que Aristóteles manejaba como prudencia en el acto interpretativo, en el cual se reconocen los extremos y se establece un campo de equilibrio con ayuda de la sutileza; virtud necesaria para la revelación.“La sutileza como clarividencia de lo análogo… utiliza la argumentación pero dentro de un ámbito de escucha”.
Retomando la idea de que lo revelado por el inconsciente se refleja en procesos no exclusivos de lo interno al sujeto, lo relaciono con la posibilidad de que el dibujo funcione como un campo idóneo para la comunicación en el terreno analítico, como un espacio de revisión de las relaciones transpersonales y la contransferencia establecida en el análisis. Viendo al psicoanálisis desde el punto de vista propuesto por Frenczi, el trabajo analítico es por fuerza una experiencia vivencial compartida por dos seres humanos, sin caer en el extremo del análisis mutuo donde el analista pierde el límite de su objetividad como Otro que interpreta; el dibujo funciona como ese espacio analítico intermedio donde los procesos mentales del analista se entrelazan con los del paciente en su simultánea interpretación y entendimiento, enriqueciendo de esta forma el proceso de recuperación. El dibujo puede construir ese lugar que permite el desarrollo de experiencias emocionales correctoras dentro del trabajo analítico.
BIBLIOGRAFÍA CITADA
1. Gilles Deleuze y Félix Guattari. Mil Mecetas. Ed. Pre-Textos 1988
2. Beuchot, Mauricio. Tratado de hermenéutica analógica hacia un nuevo modelo de interpretación. Col. Seminarios UNAM. Ed. Itaca 1997. P.79
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
1. Reyna Hernández de Tubert. Psicoanálisis, dialéctica de lo negativo y otros viajes. Trabajo presentado en el seminario “Filosofía y psicoanálisis”. México DF. Centro de investigaciones Interdisciplinarias en ciencias y humanidades, 2006.
2. Reyna Hernández de Tubert. Inconsciente y concepción del mundo.
Trabajo presentado en el seminario “Filosofía y psicoanálisis”. México DF. Centro de investigaciones Interdisciplinarias en ciencias y humanidades, 2006.
3. Reyna Hernández de Tubert. Mentira y poder, sociogénesis de la enfermedad mental. Trabajo presentado en el XXXIV Congreso Nacional de Psicoanálisis “Desde Freud hasta el siglo XXI. El psicoanálisis en la teoría, la clínica y el psicoanálisis aplicado”. Asociación Psicoanalítica Mexicana. Morelia, Michoacán. 1995.
4. Juan Tubert-Oklander. Retos de la práctica psicoterapéutica en la actualidad: la importancia de la interpretación. Conferencia dictada en la Maestría en psicoterapia del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente. Guadalajara, Jalisco. 2006.
5. Mary Warnok. Imagination. Faber and Faber. London. 1976.
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